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Cuando perdemos el control de la ira.

La ira es un estado emocional normal, pero cuando está fuera de control nuestra actuación suele afectarnos negativamente en nuestra vida cotidiana, bien sea en el trabajo, en el colegio o instituto, en casa, en nuestras relaciones con otras personas, etc.

Cuando estamos especialmente irritados, a veces decimos o hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos sin ser conscientes en el momento en que ocurren de las consecuencias negativas que ello nos puede acarrear.  En otras ocasiones nos volvemos agresivos o violentos, atacando a otros o rompiendo cosas o buscamos desesperadamente la manera de vengarnos lo antes posible, haciéndonos daño a nosotros mismos o a nuestros amigos o seres queridos.

Debemos ser nosotros mismos capaces de controlar nuestros estados emocionales y saber reaccionar adecuadamente en función de las circunstancias que se nos presenten. La ira y el mal genio no es fácilmente corregible y en la mayoría de las ocasiones requiere de una terapia adecuada con un profesional especializado, por eso en Estamos Contigo, contamos con profesionales especializados en los trastornos del estado de ánimo que diariamente consiguen unos óptimos resultados consiguiendo manejar control de las propias emociones.

 

El sentimiento de culpa

El sentimiento de culpa es una de las vivencias más complejas que atravesamos los seres humanos. Reconocer el dolor de haber realizado algo incorrecto puede tomar caminos constructivos o destructivos.

Es imprescindible reconocer cuándo la culpa es un elemento de crecimiento, que nos ayuda a reconocer nuestros errores y mejorar nuestras acciones, o por el contrario cuando nos estanca en nuestro crecimiento personal, ya sea porque nos paraliza o nos hace comportarnos egoistamente.

La culpa es un sentimiento funcional cuando nos permite orientarnos en unos valores que concedan un lugar a los demás, a las personas con las cuales convivimos o trabajamos y que, por tanto, nos haga pensar en las repercusiones que nuestra conducta tuvo en ellos.

Sin embargo en ocasiones, la culpa causa un gran malestar. En estas circunstancias, cuando desbordan nuestros recursos, nos vemos envueltos en una difícil situación en la que el problema en sí no radica en no sentir la culpa, sino en manejar estos sentimientos y afrontarlos desde una perspectiva positiva.

 

Enfermos de Alzheimer y sus familiares

El Alzheimer es una enfermedad neuro-degenerativa progresiva de larga duración en la cual la persona va perdiendo poco a poco capacidades y habilidades. Afecta a la persona en su cognición (pensamiento) y conducta.

Es la demencia más común entre la población mayor de  65 años ya que afecta a más de un 5%. Produce en el enfermo miedo a lo desconocido, depresión, ansiedad, agresividad, pérdida de memoria, desorientación y confusión.

En el cuidador suele aparecer cansancio, perplejidad y sensación de incompetencia o de no saber hacer.

Desde Estamos Contigo realizamos un trabajo integral con el enfermo y familia que padece la enfermedad:

  • Con el enfermo en todos los aspectos psicológicos (ansiedad, ira, depresión) y en el mantenimiento de sus capacidades (memoria, habilidades).
  • Con la familia orientándoles y apoyándoles en reuniones periódicas.

Este trabajo integral con la familia consigue un mejor manejo de la enfermedad y un agotamiento menor en los cuidadores.

 

Patricia Montero Masset. Psicóloga en Estamos Contigo

 

Convivir con un familiar enfermo

Convivir con un familiar o ser querido enfermo es a veces muy complicado y difícil, especialmente cuando son enfermedades graves o de larga duración.

No sólo sufre la persona enferma sino que también sufrimos nosotros como familiares o cuidadores, en parte por el cambio tan importante que hay en nuestras vidas que nos obliga a modificar nuestros rutinas diarias alterando nuestras relaciones familiares y sociales, llevándonos a situaciones de depresión, ansiedad o angustia: por un lado tener que cuidar y hacernos cargo de la persona enferma y así mermar el tiempo que normalmente dedicamos a nosotros mismos,  por otra parte porque es doloroso verle sufrir constantemente e incluso porque no estamos seguros de si le atendemos adecuadamente o no.

Debemos siempre enfrentarnos a la situación que tenemos.

En estos casos, debemos ser conscientes de los cambios en nuestro estado emocional de tristeza, preocupación, soledad, irritabilidad, impotencia. Si somos capaces de reconocer estos sentimientos podremos abordarlos de una manera natural pero en la mayoría de las ocasiones es mejor contar con un profesional de la psicología que nos ayudará a afrontar la situación y adaptarnos adecuadamente para recuperar fuerzas y mejorar la calidad de vida del enfermo y por supuesto de nosotros mismos.